El
gobierno del presidente Gabriel Boric asumió en marzo de 2022 en un contexto excepcionalmente complejo para el sistema escolar chileno. A la herencia
estructural persistente de desigualdad y segmentación, se sumaron los efectos
disruptivos de la pandemia del COVID-19, que provocaron una crisis profunda en
las trayectorias educativas, el bienestar socioemocional y los aprendizajes. En
este escenario, la política educacional del período 2022–2025 ha estado marcada
menos por reformas estructurales expansivas y más por una lógica de reconstrucción,
reparación y estabilización del sistema.
Con
la anterior consideración y sin pretender ser exhaustivo, creo que los
principales logros del período deben analizarse no como transformaciones
paradigmáticas, sino como avances incrementales significativos en áreas
críticas para la sostenibilidad del sistema educativo y que permiten comprender
el aporte real y los límites del ciclo gubernamental.
Uno
de los logros más relevantes del período ha sido la reactivación progresiva del
sistema educativo escolar tras la interrupción prolongada de la presencialidad
entre 2020 y 2021. Desde un punto de vista de política pública, esta
reactivación implicó no solo el retorno físico a las aulas, sino que la
reconstrucción de condiciones mínimas de normalidad institucional, pedagógica y
comunitaria. El gobierno impulsó una estrategia de reactivación educativa integral,
articulada en torno a los ejes de asistencia y permanencia, fortalecimiento de
aprendizajes y, bienestar socioemocional. Este enfoque reconoce que la crisis
educativa no era exclusivamente cognitiva, sino también relacional y
psicosocial, alineándose con las tendencias contemporáneas de educación
integral. En términos cuantitativos, se observa una reducción sostenida de la
inasistencia grave, lo que constituye un indicador clave de normalización del
vínculo escuela-estudiante y desde el punto de vista cualitativo, la política
logró reinstalar a la escuela como el espacio de socialización, protección y
sentido, especialmente relevante en los contextos de alta vulnerabilidad. Este
logro puede interpretarse como una política de contención sistémica,
indispensable para evitar el colapso de las trayectorias educativas y condición
previa para cualquier reforma de mayor alcance.
Otro
logro significativo se observa en los resultados de aprendizaje en educación
básica, particularmente en cuarto año básico, donde las mediciones
estandarizadas muestran mejoras sustantivas, alcanzando niveles históricos en
lenguaje y matemáticas. Este resultado debe interpretarse con cautela, pero
también con reconocimiento, ya que la evidencia sugiere que las mejoras no
fueron homogéneas, sino que se concentraron especialmente en establecimientos
públicos y en contextos de mayor vulnerabilidad, lo que constituye un avance
relevante en equidad de resultados, fenómeno que puede explicarse por una
combinación de factores, como la priorización curricular, la focalización
pedagógica en aprendizajes fundamentales, el fortalecimiento del acompañamiento
docente y la reducción de presiones evaluativas excesivas en niveles iniciales.
En términos de política educativa comparada, resulta destacable que estas
mejoras se produzcan tras una crisis sistémica, lo que refuerza la tesis de que
las políticas de recuperación, cuando son bien focalizadas, pueden generar
efectos positivos incluso en contextos adversos.
Uno
de los hitos más relevantes al cual otorgo gran valor desde el punto de vista
político-institucional es la resolución de la denominada “deuda histórica” con
el profesorado, una demanda arrastrada por más de cuatro décadas. Este esfuerzo
trasciende su dimensión financiera, porque la deuda histórica constituye un
símbolo de fractura ética entre el Estado y el profesorado, derivada de
procesos de descentralización y reformas estructurales implementadas sin
protección laboral adecuada. La aprobación de un mecanismo de reparación, aunque
parcial y tardío, representa un acto de reconocimiento institucional, con
efectos relevantes sobre la legitimidad del Estado como garante de derechos
laborales y educativos. Además, en términos de gobernanza del sistema, este
avance contribuye a recomponer la relación entre política pública y profesión
docente, condición necesaria para cualquier estrategia de mejora sostenida de
la calidad educativa.
Desde
mi perspectiva, los logros educacionales del gobierno de Gabriel Boric deben
entenderse como avances de estabilización, reparación y reconstrucción, más que
como transformaciones radicales. En un contexto de crisis sistémica, estos
logros no son menores, ya que permitieron evitar un deterioro mayor del sistema,
lo cual posibilitará explorar futuras reformas o énfasis, especialmente en la
calidad de la formación docente, de los aprendizajes de los estudiantes y de
las condiciones de infraestructura y equipamiento de los establecimientos
escolares. En efecto, todo ciclo gubernamental, incluso cuando logra avances
significativos, deja problemas no resueltos, tensiones acumuladas y
contradicciones estructurales. En el caso del gobierno de Gabriel Boric, dichas
tensiones no pueden interpretarse exclusivamente como fallas de gestión, sino
como expresión de límites institucionales, restricciones fiscales y herencias
históricas que exceden un solo período presidencial. Estos problemas constituyen
desafíos sistémicos que el gobierno de Kast deberá enfrentar ya sea
profundizando, revirtiendo o reconfigurando las políticas existentes, lo cual tendrá
efectos de largo plazo sobre la equidad, calidad y legitimidad del sistema
educativo chileno.
El
primer problema central que hereda el próximo gobierno es la persistencia de
profundas brechas de aprendizaje entre distintos grupos sociales, territoriales
y tipos de establecimiento, pese a las mejoras observadas en los niveles
iniciales. Este fenómeno puede explicarse por la naturaleza acumulativa del
aprendizaje, como son los déficits tempranos no completamente resueltos que reaparecen
con mayor intensidad en los niveles superiores, especialmente en un sistema
altamente segmentado; pero también por la coexistencia de subsistemas con
capacidades desiguales que siguen reproduciendo desigualdades estructurales.
Este problema heredado no es solo de resultados, sino que, de arquitectura
sistémica, lo cual limita la capacidad de políticas compensatorias de corto
plazo.
El
segundo problema estructural corresponde a las debilidades persistentes en la
gobernanza de la educación pública, particularmente en el proceso de
implementación de los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP). Si bien el
gobierno de Boric optó por dar continuidad al proceso de desmunicipalización,
lo hizo en un contexto de capacidad estatal limitada, problemas de instalación,
déficits de gestión financiera y observaciones reiteradas por parte de los
órganos de control. Este problema no radica exclusivamente en la existencia de
los SLEP como tales, sino en la tensión no abordada con decisión -ni menos
podrá esperarse resuelta-, entre centralización normativa y autonomía
territorial, así como en la insuficiente profesionalización de cuadros
directivos en algunos territorios, por lo que el próximo gobierno hereda una
institucionalidad ni plenamente consolidada ni fácilmente reversible, lo que
configura un dilema clásico de políticas públicas de costos crecientes de
salida versus costos persistentes de permanencia.
Finalmente,
un problema transversal que deja el gobierno de Boric es la ausencia de un
horizonte estratégico consensuado de transformación educativa de largo plazo,
más allá de las políticas específicas. Si bien existieron diagnósticos
parciales y líneas de acción relevantes, no se logró articular un relato
estructurante que integrara calidad, equidad, gobernanza, financiamiento y
sentido cultural de la educación en un proyecto país compartido. Esta ausencia
de consenso estratégico genera una alta disponibilidad a la discontinuidad,
especialmente en un contexto de alternancia ideológica marcada, ya que el
sistema educativo queda expuesto a ciclos de reforma y contrarreforma, con
elevados costos institucionales. El gobierno de Kast heredará, así, no solo
problemas técnicos, sino un campo educativo políticamente polarizado, con baja
densidad de acuerdos estructurales.
Los
problemas heredados para el próximo gobierno no constituyen simples déficits de
gestión, sino expresiones de tensiones estructurales no resueltas del sistema
educativo chileno, que combinan desigualdad histórica, límites fiscales,
fragilidad institucional y transformaciones culturales profundas. El modo en
que el gobierno de José Antonio Kast aborde estos problemas -ya sea
profundizando políticas de recuperación, reorientando la gobernanza o
redefiniendo el rol del Estado- tendrá efectos decisivos sobre el futuro del
sistema educativo y su capacidad de cumplir una función democrática,
integradora y de desarrollo en las próximas décadas.
https://opinion.cooperativa.cl/opinion/educacion/educacion-escolar-logros-de-boric-problemas-para-kast/2026-01-07/014039.html
https://elquintopoder.cl/educacion/educacion-escolar-logros-de-boric-problemas-para-kast/