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viernes, 21 de agosto de 2026
Elegir escuela no es elegir estudiantes. Libertad, justicia y fraternidad ante la reforma de la admisión escolar
jueves, 20 de agosto de 2026
La disputa por la matrícula universitaria en la Región de Los Lagos
La evolución reciente de la matrícula universitaria en la Región de Los Lagos permite discutir algo mucho más importante que el tamaño de cada institución. Los datos muestran una transformación del sistema universitario regional, en la que algunas instituciones crecen, otras retroceden, y Puerto Montt consolida su condición de principal polo universitario, mientras una proporción significativa de jóvenes continúa buscando fuera de la región aquello que esperan de la educación superior.
El informe "La Región de Los Lagos", elaborado por Mind the Context a partir de registros de educación superior, admisión y antecedentes escolares, identifica seis universidades ubicadas en 10 sedes. Cuatro aparecen en retirada y seis permanecen activas en el universo analizado. Entre estas últimas, destacan, con estrategias distintas, la Universidad San Sebastián, la Universidad Austral de Chile, la Universidad Santo Tomás y la Universidad de Los Lagos, en sus respectivos emplazamientos territoriales. El reporte muestra, además, que cinco de las seis sedes activas registran un crecimiento reciente.
No se trata de un fenómeno exclusivamente regional. El informe SIES 2026 señala que la matrícula de pregrado del país volvió a alcanzar un máximo histórico, creciendo 3,5% respecto de 2025. En las universidades, el incremento fue de 3,7%, aunque con diferencias relevantes: las privadas no pertenecientes al CRUCh crecieron 4,5%; las privadas del CRUCh, 3,5%; y las estatales, 2,5%. La competencia por estudiantes constituye, por tanto, una característica estructural de un sistema que continúa expandiéndose y diferenciándose.
En Los Lagos, la Universidad San Sebastián aparece en el informe como la institución con mayor matrícula universitaria del universo estudiado, con 6.812 estudiantes en 2025, mientras que la Universidad de Los Lagos posee la oferta más extensa, con 29 carreras conducentes a licenciatura consideradas por el reporte. La diferencia es relevante: la amplitud de la oferta y la capacidad de captación no son necesariamente iguales.
El informe principal muestra la magnitud del desafío. Entre 2021 y 2025, las universidades de Los Lagos inscribieron a 17.333 nuevos estudiantes, sin importar su origen. Durante ese mismo período, 24.164 egresados de la enseñanza media regional ingresaron directamente a universidades en todo el país. La tasa de captación es de 0,72: por cada 10 egresados regionales que ingresan a la universidad, las instituciones en Los Lagos matriculan a 7,2. La región genera más estudiantes universitarios de los que logra captar. Entre 2021 y 2025, cerca del 60% de los jóvenes de Los Lagos que ingresaron a la universidad permanecieron en ella, mientras que el 40% estudió fuera. En 2025, la permanencia aumentó al 64%. Muchos emigran hacia Los Ríos y la Región Metropolitana. Un 25% estudia carreras que no existen en la región, y otro 12% se va incluso con carreras disponibles en Los Lagos, optando por sedes menos selectivas.
Esta distinción es fundamental. Parte de la migración responde a vacíos en la oferta educativa; otra se relaciona con cuestiones más complejas, como la reputación institucional, las expectativas profesionales, las características de la experiencia universitaria, el atractivo de las ciudades, las redes familiares y las posibilidades económicas. Además, existe una dimensión de desigualdad: quienes emigran tienen una mediana de PAES 94 puntos superior a la de quienes permanecen, y el 22% proviene de instituciones particulares pagadas, en comparación con el 4% entre quienes se quedan. La movilidad universitaria no depende solo de preferencias; estudiar en Santiago, Valdivia o Concepción requiere recursos económicos y sociales desigualmente distribuidos. Por eso, fortalecer una universidad pública regional también implica considerar la equidad. Sin embargo, no basta con ofrecer esa opción solo a quienes no pueden salir; el desafío es que una universidad estatal regional también sea la preferida por quienes tienen múltiples alternativas.
Los resultados de puntaje deben interpretarse con mucho cuidado. Entre los estudiantes que rindieron la PAES en 2023-2025, las medianas de las sedes analizadas oscilaron entre 563 y 609 puntos, con muchas superposiciones. El propio informe señala que estas cifras no son indicadores de calidad. Además, reflejan una situación previa a los cambios significativos de 2026. Ese año, la Universidad de Los Lagos comenzó a ofrecer Medicina y Medicina Veterinaria en Osorno, y Química y Farmacia en Puerto Montt. Medicina recibió 1.783 postulaciones para 30 cupos, con un puntaje de corte de 899,8; Medicina Veterinaria recibió 230 postulaciones en primera opción. En total, ULagos admitió 3.380 nuevos estudiantes en 2026. Aunque aún no se puede hablar de una tendencia definitiva, estos datos sugieren que la composición y la capacidad de atracción de la universidad están empezando a cambiar.
La dimensión territorial sigue siendo, probablemente, la cuestión más importante. El reporte identifica dos mercados universitarios claramente diferenciados. Puerto Montt concentró 11.870 entrantes entre 2021 y 2025, lo que representa el 68% de la región, y retuvo al 67% de sus estudiantes. Osorno reunió 4.935 entrantes (28%), pero retuvo solo el 46%. Esto obliga a dejar de lado las estrategias uniformes. Puerto Montt necesita expandirse, posicionarse y diferenciarse en el principal mercado universitario regional. En ese contexto, el proyecto del nuevo Campus de Salud, Ingeniería y Artes, que atenderá a más de 3.100 estudiantes y aumentará la presencia pública en la capital regional, cobra especial relevancia. Osorno enfrenta un desafío distinto: recuperar su capacidad de atracción. La apertura de Medicina y de Medicina Veterinaria parece avanzar en esa dirección, fortaleciendo áreas de alta demanda y relacionadas con las necesidades regionales. Sin embargo, será importante observar si estos buenos resultados iniciales se extienden a otras carreras y fortalecen todo el campus. Chiloé plantea una lógica distinta, en la que la presencia universitaria pública también debe evaluarse por su contribución a la equidad territorial, a la generación de capacidades locales y a la posibilidad de desarrollar conocimiento desde un territorio insular.
Las acciones de atracción también están cambiando. Durante agosto, ULagos 360 reunió a más de 9.500 estudiantes de enseñanza media provenientes de más de 190 establecimientos en Osorno, Puerto Montt y Chiloé. Estas actividades no garantizan la matrícula futura, pero muestran algo relevante: que la competencia por estudiantes comienza mucho antes del período oficial de postulaciones; se construye mediante la presencia territorial, la experiencia institucional, la orientación vocacional, la reputación y el contacto directo con las comunidades escolares. El desafío para la Universidad de Los Lagos no consiste, entonces, simplemente en aumentar la matrícula, sino en transformar su condición de universidad estatal y regional en una ventaja académica reconocible con una oferta pertinente y diferenciada, investigación vinculada a los problemas regionales, buenas trayectorias estudiantiles, infraestructura adecuada, empleabilidad, experiencia universitaria y una relación temprana y sostenida con los futuros estudiantes.
Los datos de Mind the Context no constituyen un ranking de calidad y sus autores señalan que el informe aún está en revisión. Su utilidad principal no es clasificar, sino mostrar las decisiones efectivas de los estudiantes y cuestionar por qué algunos permanecen y otros se van. En Los Lagos, la competencia universitaria se da tanto entre instituciones como entre territorios y proyectos futuros. Para la Universidad de Los Lagos, el reto principal será que estudiar en la universidad pública regional deje de ser solo una opción para quienes necesitan quedarse y pase a ser una decisión académica consciente para quienes quieren hacerlo.
Fuente principal: Mind the Context. (2026). "La Región de Los Lagos. Educación universitaria en Chile: reporte regional", elaborado a partir de registros de educación superior, de admisión y de antecedentes escolares. El reporte es presentado por sus autores como un documento en revisión.
Publicado en
https://opinion.cooperativa.cl/opinion/regiones/la-disputa-por-la-matricula-universitaria-en-la-region-de-los-lagos/2026-08-20/075756.html
https://www.ulagos.cl/opinionulagos/la-disputa-por-la-matricula-universitaria-en-la-region-de-los-lagos/
https://elquintopoder.cl/educacion/la-disputa-por-la-matricula-universitaria-en-la-region-de-los-lagos/
jueves, 13 de agosto de 2026
Apuestas en línea: regulación, vulnerabilidad y bien común
Antes de preguntarnos cómo regular una actividad, deberíamos plantearnos si esta realmente contribuye al desarrollo humano y al bien común
La escuela pública no tiene dueños. Selección escolar y futuro de la educación pública en Chiloé
lunes, 3 de agosto de 2026
La educación pública entre la estrategia y la realidad
La modificación de la Estrategia Nacional de Educación Pública 2020–2028 mantiene sus cinco objetivos originales, pero reorganiza su estructura: ahora cuenta con 21 líneas de acción, 26 indicadores y metas y redefine las responsabilidades entre los diferentes actores, como los establecimientos, los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) y la Dirección de Educación Pública (DEP). Además, destaca aspectos como la salud mental, las trayectorias educativas, la innovación, la infraestructura y la sostenibilidad financiera. Pero la cuestión no es si la nueva ENEP está mejor formulada, sino si cuenta con las prioridades y los recursos necesarios para transformar una realidad educativa compleja; la respuesta está marcada por tensiones.
La primera tensión surge de la brecha entre la amplitud estratégica y la ejecución. La actualización fue tramitada en julio de 2026, pero mantiene como horizonte 2028. Hay dos años para traducir una arquitectura extensa en planes territoriales, presupuestos y resultados verificables. El problema no es la ambición, sino la falta de jerarquización. Cuando aprendizajes, convivencia, asistencia, innovación, liderazgo, infraestructura y equilibrio financiero aparecen como prioridades simultáneas, es difícil determinar qué resolver primero y quién responde por los incumplimientos. Una política integral necesita secuencia, focalización y responsabilidades inequívocas.
La segunda tensión se relaciona con el núcleo pedagógico. La ENEP acierta al enfatizar la gestión curricular y los aprendizajes esenciales, pero los rezagos son desiguales. El Simce 2024 mostró avances en cuarto básico, con 278 puntos en Lectura y 264 en Matemática; sin embargo, en sexto básico, Matemática descendió de 251 puntos en 2018 a 245 en 2024, mientras que en segundo medio los cambios no fueron significativos. En Lectura de segundo medio, el promedio nacional fue de 249 puntos, frente a 236 en el sector público y 234 en los SLEP. Se requiere identificar niveles y territorios rezagados y vincular el apoyo técnico con cambios en la enseñanza.
La tercera tensión consiste en confundir la permanencia administrativa con la trayectoria educativa efectiva. La matrícula no garantiza asistencia ni aprendizaje. En 2025, solo seis de los 26 SLEP activos superaban la asistencia promedio nacional de 86,53%; Atacama registraba 82% y Barrancas menos de 85%. Diez servicios presentaban tasas de desvinculación superiores al promedio nacional, mientras que la revinculación alcanzaba el 40,76%, con algunos territorios por debajo del 30%. Aunque la ENEP incorpora el monitoreo, existe el riesgo de reducirlo a alertas y tableros, sin intervenir en causas como el transporte, la salud mental, la violencia, la pobreza, el trabajo juvenil o la pérdida de sentido escolar. El dato identifica la interrupción, pero no la resuelve.
La cuarta tensión es territorial. Cerca del 68% de los estudiantes de los SLEP son prioritarios y un 22% participa en el Programa de Integración Escolar. Alrededor del 10% de su matrícula corresponde a zonas rurales, pero en el sector municipal, aún no transferido, esa proporción se aproxima al 20%. Las próximas etapas incorporarán territorios con mayores costos, menor densidad estudiantil, dificultades de dotación y brechas de conectividad. Aplicar metas homogéneas sin considerar la ruralidad, el aislamiento, la composición social, la migración, la pertenencia indígena, la educación especial o la de adultos puede producir comparaciones formales, pero injustas. La adaptación territorial debe traducirse en financiamiento diferenciado, dotaciones pertinentes y criterios de evaluación sensibles a las condiciones locales.
La quinta tensión corresponde a la gobernanza. Desde enero de 2026 funcionan 36 SLEP, responsables de más de 640 mil estudiantes y párvulos, de tres mil establecimientos y de cerca de 118 mil trabajadores. La superposición de funciones, la lentitud administrativa y la fragilidad de los equipos intermedios afectan el apoyo pedagógico, los insumos, los reemplazos y la capacidad directiva para resolver problemas cotidianos. El Consejo Evaluador ha advertido de confusiones entre los establecimientos, el SLEP y la DEP. La descentralización solo agrega valor cuando transfiere capacidad real de decisión; de lo contrario, reemplaza la dependencia municipal por una cadena burocrática más extensa, pero no más eficaz.
La sexta tensión es material. La estrategia propone una planificación plurianual, el mantenimiento preventivo y mejores estándares de seguridad y habitabilidad. No obstante, el catastro nacional evaluó 4.765 de aproximadamente siete mil locales y constató deterioro riesgoso en el 40% y daños graves en el 3%. Baños y patios figuran entre los espacios más afectados, junto con fallas eléctricas, cortes de agua, problemas sanitarios, rebalses de fosas sépticas y daños estructurales. La infraestructura condiciona la asistencia, la dignidad y las oportunidades pedagógicas. Exigir calidad sin garantizar condiciones mínimas equivale a pedir mejores resultados a comunidades que atienden necesidades elementales.
La séptima tensión es financiera. El Consejo Evaluador estimó para 2025 un déficit de 250 mil millones de pesos en gastos de personal, equivalente al 16% de la operación de los SLEP. Sin embargo, atribuyó siete puntos porcentuales a licencias médicas de FONASA que los servicios públicos no pueden recuperar; descontado ese factor, el déficit estructural se aproximaría al 9%, sin considerar reemplazos. Parte de la brecha puede atribuirse a sobredotaciones o a problemas de gestión, pero otra proviene de las reglas de financiamiento y del diseño institucional. Presentar el equilibrio presupuestario como mera consecuencia de una mejor administración podría derivar en reducciones de personal que debiliten capacidades esenciales, especialmente en la ruralidad, la educación parvularia y la inclusión.
La octava tensión se refiere a la validez de los indicadores. Observar aulas no demuestra que la retroalimentación mejore la enseñanza; aplicar instrumentos socioemocionales no acredita un mayor bienestar; ejecutar acciones de un Plan de Mejoramiento Educativo no equivale a transformar prácticas; y reducir reclamos no significa que los problemas hayan desaparecido. Cada indicador debe representar el fenómeno que pretende medir, contar con una línea de base comparable y distinguir entre cumplimiento administrativo, resultado e impacto. De lo contrario, el sistema puede mostrar un alto desempeño mientras las escuelas enfrentan las mismas dificultades.
La ENEP actualizada es más completa y, en términos conceptuales, más consistente que su versión original. Pero su prueba no será la coherencia del decreto, sino la capacidad del Estado para priorizar, financiar y ejecutar. La educación pública no mejorará por disponer de más líneas de acción, sino cuando estas se traduzcan en una mejor enseñanza, asistencia regular, liderazgo con autonomía, infraestructura digna y apoyo oportuno a comunidades diversas. La distancia que importa cerrar no es la existente entre la ENEP de 2020 y la de 2026, sino la que separa la estrategia escrita de la experiencia cotidiana de quienes enseñan y aprenden en la educación pública.
Publicada en:
https://opinion.cooperativa.cl/opinion/educacion/la-educacion-publica-entre-la-estrategia-y-la-realidad/2026-07-27/061716.html
https://elinsular.cl/2026/07/27/la-educacion-publica-entre-la-estrategia-y-la-realidad/
https://elquintopoder.cl/educacion/la-educacion-publica-entre-la-estrategia-y-la-realidad/
martes, 21 de julio de 2026
Chiloé y las lluvias: cuando el agua es una bendición
En
gran parte de Chile, la lluvia suele asociarse en el discurso público con
emergencias. Basta con que un frente climático se extienda durante unos días
para que las noticias hablen de calles inundadas, caminos cortados, viviendas
anegadas y servicios colapsados. Así, la lluvia pasa a verse como una amenaza,
casi una anomalía frente a ciudades construidas como si el agua fuera un
visitante ocasional e incómodo. En cambio, en Chiloé, la relación histórica con
la lluvia ha sido distinta. No porque sus habitantes desconozcan sus riesgos ni
porque las precipitaciones intensas sean exentas de dificultades, sino porque
durante siglos el agua que cae del cielo ha sido parte integral del territorio
y de la vida. En el archipiélago, la lluvia no interrumpe necesariamente la
vida; muchas veces la acompaña; ha moldeado el paisaje, ha condicionado la
producción, ha influido en la arquitectura, ha organizado rutinas domésticas y,
quizás de manera más profunda, ha ayudado a formar una comprensión particular
del tiempo, de la comunidad y de la relación entre las personas y la
naturaleza.
Chiloé no sería completo sin su lluvia. La abundancia de sus campos, verdes intensos, bosques, humedales, turberas y ríos forma parte de un sistema natural cuya riqueza depende estrechamente del recurso hídrico. Durante generaciones, la agricultura familiar chilota ha construido su modo de vida en estas condiciones, cultivando papa en múltiples variedades, usando pequeñas huertas, criando animales y manteniendo economías campesinas, todo ello adaptado a un territorio húmedo, fragmentado y relativamente aislado. Incluso donde el mar es la principal fuente de sustento, la lluvia es un elemento integral del paisaje ecológico: tierra y mar no son mundos separados en Chiloé, sino partes de un mismo territorio donde el agua conecta todas las formas de vida; donde el campesino, el pescador y el recolector han aprendido a interpretar el cielo, los vientos, las mareas y las estaciones, desarrollando un conocimiento local que difícilmente puede entenderse solo desde una visión que considera la naturaleza como mero recurso económico.
La arquitectura tradicional también refleja esta adaptabilidad. Las tejuelas de alerce, los revestimientos de madera, las techumbres inclinadas, los corredores y las técnicas constructivas diseñadas para resistir la humedad evidencian una sociedad que no buscaba vencer al clima, sino aprender a convivir con él. Lo mismo puede decirse de las iglesias de madera que hoy integran el patrimonio mundial, de los palafitos construidos entre tierra y mar, o de las antiguas viviendas campesinas alrededor del fogón. En estos espacios, la lluvia adquiere un carácter social y, cuando llueve durante horas o días, la vida se traslada al interior; el fuego, la cocina y las conversaciones cobran mayor importancia. Muchas historias, leyendas y memorias familiares de Chiloé seguramente se transmitieron durante esas largas jornadas en las que el clima obligaba a estar juntos. Así, la lluvia pudo haber fortalecido en silencio una cultura centrada en la oralidad, la conversación y los relatos, esenciales para comprender la riqueza mitológica del archipiélago.
Pero sería insuficiente pensar que la lluvia solo ha influido en las actividades económicas o en las expresiones materiales. También parece haber moldeado una determinada actitud cultural en sus habitantes, pues el chilote tradicional desarrolló una relación con el tiempo menos subordinada a la urgencia y más alineada con los ciclos naturales. Se esperaba a que mejorara el clima para navegar, a que bajara la marea para mariscar, o a que llegara la estación adecuada para sembrar o cosechar. Esta experiencia duradera de adaptación a circunstancias que no podían controlarse por completo probablemente fomentó valores como la paciencia, la perseverancia y cierta humildad ante la naturaleza. Por supuesto, no se trata de idealizar una identidad chilota homogénea ni de atribuir al clima características morales de forma automática. Las sociedades cambian, las nuevas generaciones modifican sus costumbres y el Chiloé actual es mucho más complejo que las imágenes tradicionales que solemos evocar. Sin embargo, todavía existe una memoria cultural en la que la adversidad climática no siempre se percibe como una desgracia, sino como una condición de la existencia a la que hay que adaptarse, ayudarse y seguir adelante.
De ahí proviene, probablemente, uno de los rasgos más profundos de la cultura chilota: la solidaridad comunitaria. La minga es su expresión más conocida, pero no la única. Históricamente, tareas como trasladar una casa, cosechar, enfrentar dificultades familiares o realizar trabajos colectivos requerían la cooperación de vecinos y parientes. En zonas aisladas, con condiciones climáticas duras y recursos limitados, nadie podía ser completamente autosuficiente; por eso, la comunidad no era una simple abstracción social, sino una necesidad práctica. Quizás por ello en Chiloé aún se valoran mucho la reciprocidad, la palabra empeñada, la hospitalidad y la ayuda mutua. Estos valores, aunque pueden verse afectados por la modernización económica, siguen formando parte de una identidad propia. Frente a la imagen actual del individuo autosuficiente, la historia de Chiloé nos recuerda algo fundamental: en territorios difíciles, las sociedades sobreviven gracias a la cooperación.
La relación con la lluvia en Chile cobra, además, una relevancia inesperada en la actualidad. Aunque muchos territorios enfrentan años de sequía, pérdida de fuentes de agua y una creciente inseguridad hídrica, lo que en su momento parecía una desventaja climática ahora revela su gran valor. En Chiloé, la lluvia sigue sustentando ecosistemas vitales y constituye un patrimonio natural que debe protegerse como una responsabilidad colectiva. Esto no significa negar los problemas de disponibilidad de agua potable, especialmente en zonas rurales, ni ignorar las amenazas a los humedales, las turberas y las cuencas. La paradoja de un territorio con lluvias abundantes, donde algunas comunidades aún enfrentan dificultades de abastecimiento, demuestra que el agua no depende únicamente de la cantidad de lluvia, sino también de cómo se conserva, se administra y se protege el territorio. Por eso, las lluvias en Chile deberían enseñarnos una nueva forma de entender el desarrollo, en la que no basta con contar con recursos naturales, sino que es fundamental aprender a cuidarlos.
Tal vez por eso, en muchas ciudades chilenas, la lluvia se presenta casi siempre como una amenaza, pero en Chiloé todavía puede recibirse de otra manera. Se sabe que embarrará los caminos, retrasará algunos trabajos y obligará a ajustar los planes; sin embargo, también llenará las vertientes, nutrirá los campos, humedecerá los bosques y prolongará ese verde profundo, una de las imágenes más emblemáticas del archipiélago. La lluvia cae sobre los techos de teja, golpea las ventanas, envuelve los canales y se desvanece lentamente en las praderas. Y, mientras cae, parece recordar algo que nuestra sociedad moderna olvida con facilidad: que no toda dificultad es una catástrofe y que lo que molesta nuestra vida presente puede ser, al mismo tiempo, esencial para mantener la vida futura. En Chiloé, donde generaciones aprendieron a vivir bajo el agua que cae del cielo, la lluvia nunca ha sido solo mal tiempo, sino paisaje, memoria, sustento y cultura. Quizás por eso, mientras para otros significa una interrupción, para los chilotes sigue siendo, en lo más profundo de su historia, una silenciosa bendición.
Publicado en
https://elinsular.cl/2026/07/20/chiloe-y-las-lluvias-cuando-el-agua-es-una-bendicion/
https://elquintopoder.cl/ciudadania/chiloe-y-las-lluvias-cuando-el-agua-es-una-bendicion/
martes, 14 de julio de 2026
Educar cuando el futuro parece ausente
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