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miércoles, 7 de enero de 2026

Educación escolar: logros de Boric, problemas para Kast

El gobierno del presidente Gabriel Boric asumió en marzo de 2022 en un contexto excepcionalmente complejo para el sistema escolar chileno. A la herencia estructural persistente de desigualdad y segmentación, se sumaron los efectos disruptivos de la pandemia del COVID-19, que provocaron una crisis profunda en las trayectorias educativas, el bienestar socioemocional y los aprendizajes. En este escenario, la política educacional del período 2022–2025 ha estado marcada menos por reformas estructurales expansivas y más por una lógica de reconstrucción, reparación y estabilización del sistema.

Con la anterior consideración y sin pretender ser exhaustivo, creo que los principales logros del período deben analizarse no como transformaciones paradigmáticas, sino como avances incrementales significativos en áreas críticas para la sostenibilidad del sistema educativo y que permiten comprender el aporte real y los límites del ciclo gubernamental.

Uno de los logros más relevantes del período ha sido la reactivación progresiva del sistema educativo escolar tras la interrupción prolongada de la presencialidad entre 2020 y 2021. Desde un punto de vista de política pública, esta reactivación implicó no solo el retorno físico a las aulas, sino que la reconstrucción de condiciones mínimas de normalidad institucional, pedagógica y comunitaria. El gobierno impulsó una estrategia de reactivación educativa integral, articulada en torno a los ejes de asistencia y permanencia, fortalecimiento de aprendizajes y, bienestar socioemocional. Este enfoque reconoce que la crisis educativa no era exclusivamente cognitiva, sino también relacional y psicosocial, alineándose con las tendencias contemporáneas de educación integral. En términos cuantitativos, se observa una reducción sostenida de la inasistencia grave, lo que constituye un indicador clave de normalización del vínculo escuela-estudiante y desde el punto de vista cualitativo, la política logró reinstalar a la escuela como el espacio de socialización, protección y sentido, especialmente relevante en los contextos de alta vulnerabilidad. Este logro puede interpretarse como una política de contención sistémica, indispensable para evitar el colapso de las trayectorias educativas y condición previa para cualquier reforma de mayor alcance.

Otro logro significativo se observa en los resultados de aprendizaje en educación básica, particularmente en cuarto año básico, donde las mediciones estandarizadas muestran mejoras sustantivas, alcanzando niveles históricos en lenguaje y matemáticas. Este resultado debe interpretarse con cautela, pero también con reconocimiento, ya que la evidencia sugiere que las mejoras no fueron homogéneas, sino que se concentraron especialmente en establecimientos públicos y en contextos de mayor vulnerabilidad, lo que constituye un avance relevante en equidad de resultados, fenómeno que puede explicarse por una combinación de factores, como la priorización curricular, la focalización pedagógica en aprendizajes fundamentales, el fortalecimiento del acompañamiento docente y la reducción de presiones evaluativas excesivas en niveles iniciales. En términos de política educativa comparada, resulta destacable que estas mejoras se produzcan tras una crisis sistémica, lo que refuerza la tesis de que las políticas de recuperación, cuando son bien focalizadas, pueden generar efectos positivos incluso en contextos adversos.

Uno de los hitos más relevantes al cual otorgo gran valor desde el punto de vista político-institucional es la resolución de la denominada “deuda histórica” con el profesorado, una demanda arrastrada por más de cuatro décadas. Este esfuerzo trasciende su dimensión financiera, porque la deuda histórica constituye un símbolo de fractura ética entre el Estado y el profesorado, derivada de procesos de descentralización y reformas estructurales implementadas sin protección laboral adecuada. La aprobación de un mecanismo de reparación, aunque parcial y tardío, representa un acto de reconocimiento institucional, con efectos relevantes sobre la legitimidad del Estado como garante de derechos laborales y educativos. Además, en términos de gobernanza del sistema, este avance contribuye a recomponer la relación entre política pública y profesión docente, condición necesaria para cualquier estrategia de mejora sostenida de la calidad educativa.

Desde mi perspectiva, los logros educacionales del gobierno de Gabriel Boric deben entenderse como avances de estabilización, reparación y reconstrucción, más que como transformaciones radicales. En un contexto de crisis sistémica, estos logros no son menores, ya que permitieron evitar un deterioro mayor del sistema, lo cual posibilitará explorar futuras reformas o énfasis, especialmente en la calidad de la formación docente, de los aprendizajes de los estudiantes y de las condiciones de infraestructura y equipamiento de los establecimientos escolares. En efecto, todo ciclo gubernamental, incluso cuando logra avances significativos, deja problemas no resueltos, tensiones acumuladas y contradicciones estructurales. En el caso del gobierno de Gabriel Boric, dichas tensiones no pueden interpretarse exclusivamente como fallas de gestión, sino como expresión de límites institucionales, restricciones fiscales y herencias históricas que exceden un solo período presidencial. Estos problemas constituyen desafíos sistémicos que el gobierno de Kast deberá enfrentar ya sea profundizando, revirtiendo o reconfigurando las políticas existentes, lo cual tendrá efectos de largo plazo sobre la equidad, calidad y legitimidad del sistema educativo chileno.

El primer problema central que hereda el próximo gobierno es la persistencia de profundas brechas de aprendizaje entre distintos grupos sociales, territoriales y tipos de establecimiento, pese a las mejoras observadas en los niveles iniciales. Este fenómeno puede explicarse por la naturaleza acumulativa del aprendizaje, como son los déficits tempranos no completamente resueltos que reaparecen con mayor intensidad en los niveles superiores, especialmente en un sistema altamente segmentado; pero también por la coexistencia de subsistemas con capacidades desiguales que siguen reproduciendo desigualdades estructurales. Este problema heredado no es solo de resultados, sino que, de arquitectura sistémica, lo cual limita la capacidad de políticas compensatorias de corto plazo.

El segundo problema estructural corresponde a las debilidades persistentes en la gobernanza de la educación pública, particularmente en el proceso de implementación de los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP). Si bien el gobierno de Boric optó por dar continuidad al proceso de desmunicipalización, lo hizo en un contexto de capacidad estatal limitada, problemas de instalación, déficits de gestión financiera y observaciones reiteradas por parte de los órganos de control. Este problema no radica exclusivamente en la existencia de los SLEP como tales, sino en la tensión no abordada con decisión -ni menos podrá esperarse resuelta-, entre centralización normativa y autonomía territorial, así como en la insuficiente profesionalización de cuadros directivos en algunos territorios, por lo que el próximo gobierno hereda una institucionalidad ni plenamente consolidada ni fácilmente reversible, lo que configura un dilema clásico de políticas públicas de costos crecientes de salida versus costos persistentes de permanencia.

Finalmente, un problema transversal que deja el gobierno de Boric es la ausencia de un horizonte estratégico consensuado de transformación educativa de largo plazo, más allá de las políticas específicas. Si bien existieron diagnósticos parciales y líneas de acción relevantes, no se logró articular un relato estructurante que integrara calidad, equidad, gobernanza, financiamiento y sentido cultural de la educación en un proyecto país compartido. Esta ausencia de consenso estratégico genera una alta disponibilidad a la discontinuidad, especialmente en un contexto de alternancia ideológica marcada, ya que el sistema educativo queda expuesto a ciclos de reforma y contrarreforma, con elevados costos institucionales. El gobierno de Kast heredará, así, no solo problemas técnicos, sino un campo educativo políticamente polarizado, con baja densidad de acuerdos estructurales.

Los problemas heredados para el próximo gobierno no constituyen simples déficits de gestión, sino expresiones de tensiones estructurales no resueltas del sistema educativo chileno, que combinan desigualdad histórica, límites fiscales, fragilidad institucional y transformaciones culturales profundas. El modo en que el gobierno de José Antonio Kast aborde estos problemas -ya sea profundizando políticas de recuperación, reorientando la gobernanza o redefiniendo el rol del Estado- tendrá efectos decisivos sobre el futuro del sistema educativo y su capacidad de cumplir una función democrática, integradora y de desarrollo en las próximas décadas.

https://opinion.cooperativa.cl/opinion/educacion/educacion-escolar-logros-de-boric-problemas-para-kast/2026-01-07/014039.html

https://elquintopoder.cl/educacion/educacion-escolar-logros-de-boric-problemas-para-kast/


miércoles, 10 de diciembre de 2025

La política y la campaña presidencial crispada

Hoy, cuando los algoritmos nos encierran en burbujas, la política busca disciplinar hasta la asfixia y los debates públicos se reducen a opciones binarias, altisonantes y agresivas. La campaña presidencial que culmina este domingo, se desarrolla marcada por la tensión, el miedo y la simplificación extrema, lo que parece confirmar que la derecha ha decidido abrazar una estrategia basada en la polarización emocional y la promesa de un orden disciplinario. En esta carrera, la sofisticación comunicacional de los algoritmos juega a su favor, porque como señala Sunstein C.R. (2018. # República: Democracia dividida en la era de las redes sociales), las plataformas digitales amplifican mensajes que despiertan miedo, agravio o sensación de amenaza, premiando así narrativas de restauración y castigo que la derecha ha sabido capitalizar con eficacia.

La retórica del “enemigo interno”, la insistencia en que Chile “se cae a pedazos”, que está al borde del colapso moral o del caos social, y la rehabilitación de imaginarios autoritarios que creíamos superados, forman parte de un arsenal discursivo que busca emocionar antes que argumentar. Mouffe, C. (2018. Por un populismo de izquierda) advierte que la política basada en antagonismos irreductibles inhibe el pluralismo y empobrece la deliberación; en el caso chileno, esta lógica se manifiesta en discursos que reducen la realidad a una lucha entre “los que quieren orden” y “los que promueven el desorden”, estableciendo dicotomías que ignoran la complejidad de los problemas públicos.

No es casual que, en la presente campaña, la derecha haya impulsado una narrativa donde la seguridad se presenta como valor absoluto, desprovisto de contexto social o político. La solución que ofrece es siempre punitiva, reactiva, casi mecánica: más control, más fuerza, más disciplina. Laclau, E. (2005. Sobre la razón populista) describió esta fijación con identidades cerradas y discursos homogéneos como característica de proyectos populistas que prometen un retorno imaginario a un pasado ordenado y coherente. En Chile, este imaginario se traduce en una exaltación de la autoridad y en una permanente sospecha hacia cualquier agenda transformadora.

El problema es que esta estrategia electoral no solo polariza, sino que reduce la política a un campo de batalla moral donde la ciudadanía se limita a elegir entre obediencia o caos. En este clima, el disenso razonado se vuelve sospechoso y la complejidad es interpretada como debilidad. El resultado es una campaña presidencial donde el debate de ideas queda subordinado a la emocionalidad intensificada por algoritmos que confirman prejuicios y alimentan miedos (Sunstein, 2018).

Sin embargo, lo más preocupante no es la eficacia electoral de esta lógica, sino su impacto en la convivencia democrática. Una política que se piensa a sí misma como confrontación permanente erosiona la posibilidad de imaginar proyectos compartidos. Arendt, H. (1958. La condición humana) recordaba que la verdadera política nace cuando las personas ejercen su capacidad de iniciar algo nuevo. Esto implica creatividad, pluralidad y apertura, justamente lo que hoy se ve asfixiado por una estrategia comunicacional que convierte a la ciudadanía en audiencia y no en protagonista.

Chile necesita una política que no renuncie al conflicto, pero que sea capaz de transformarlo en energía creativa para la construcción de un horizonte común. Habermas, J. (1992. Más reflexiones sobre la esfera pública) planteaba que el “uso público de la razón” es condición para la legitimidad democrática, ya que no hay futuro sostenible si la discusión pública queda reducida a slogans polarizantes diseñados para viralizarse en redes sociales. La campaña presidencial actual -particularmente desde la derecha- parece renunciar deliberadamente a esa idea de razón pública, apostando por un discurso eficaz para ganar elecciones, pero corrosivo para sostener una democracia madura.

La reconstrucción de un pacto social requiere, como señala Ricoeur, P. (1990. Uno mismo como otro), una narrativa común que integre conflicto y esperanza, memoria y porvenir. Pero esa narrativa no emergerá de la estrategia de agitación permanente que hoy impulsa la derecha, sino de una política capaz de articular convivencia, cooperación y creatividad democrática.

En un país cansado, fragmentado y expuesto a la manipulación algorítmica, demandar una política más racional no es ingenuidad, sino que es un acto de defensa cívica. La campaña presidencial pasará, pero las consecuencias de la retórica del miedo pueden perdurar, por ello, es urgente reivindicar una política que no se rinda ante la estridencia ni se incline ante la agresividad, una política capaz de imaginar un país menos disciplinado por el temor y más movilizado por la esperanza.

https://opinion.cooperativa.cl/opinion/politica/la-politica-y-la-campana-presidencial-crispada/2025-12-18/000845.html

https://elquintopoder.cl/politica/la-politica-y-la-campana-presidencial-crispada/

martes, 9 de diciembre de 2025

Docencia con Sello de Vinculación con el Medio: tensiones estructurales y potencial transformador

La incorporación de la Vinculación con el Medio (VcM) como sello formativo en la docencia universitaria ha emergido como una respuesta estratégica a las demandas contemporáneas de pertinencia, responsabilidad social y democratización del conocimiento en América Latina. A partir de la literatura reciente y de los debates sobre la misión pública universitaria, se argumenta que la VcM no constituye únicamente un conjunto de metodologías, sino una reorganización del vínculo entre la universidad, el territorio y la ciudadanía. Sin embargo, su consolidación se enfrenta a estructuras curriculares rígidas, sistemas de aseguramiento de la calidad centrados en indicadores tradicionales e incentivos académicos que privilegian la productividad científica sobre la colaboración territorial.


También, la educación superior se encuentra atravesada por crecientes demandas de pertinencia social, calidad académica, innovación pedagógica y ampliación del acceso. En este escenario, la VcM ha dejado de ser una función periférica para adquirir un rol estratégico en la articulación entre conocimiento, territorio y desarrollo. Este desplazamiento ha derivado en la emergencia de la docencia con sello de VcM, una propuesta que busca integrar experiencias territoriales como parte constitutiva de los procesos formativos. Este fenómeno merece atención porque involucra debates centrales sobre la misión universitaria, la política pública, la evaluación y la formación profesional. No se trata solo de innovar en el aula, sino de redefinir la función social de la universidad (Boyer, E. (1996) The scholarship of engagement. Boletín de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, Vol. 49, No. 7, págs. 18-33); Bernasconi, A. (2020) La educación superior en América Latina en la encrucijada. Fondo de Cultura Económica).

La docencia con sello de VcM ha sido interpretada como un modo de democratizar el conocimiento, permitiendo que estudiantes, académicos y comunidades participen de manera conjunta en la construcción de saberes socialmente situados. Esta aproximación dialoga con la tradición latinoamericana de pedagogías críticas, donde Freire, P. (1970. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI) sostiene que el aprendizaje debe vincularse a la transformación de la realidad y al ejercicio de la conciencia social. Además, la literatura sobre aprendizaje situado refuerza esta premisa al demostrar que los conocimientos adquieren mayor relevancia cuando se articulan con experiencias contextualizadas (Lave, J., & Wenger, E. (1991). Situated learning: Legitimate peripheral participation. Cambridge University Press). En este marco, la VcM posibilita que los estudiantes no solo “apliquen” teorías, sino que participen en los procesos de co-construcción epistémica con los actores territoriales.

Asimismo, la docencia con sello de VcM amplía la misión pública de la universidad. Boyer (1996) planteó la necesidad de un “scholarship of engagement”, donde el compromiso público forma parte de la actividad académica legítima. Desde esta perspectiva, la docencia deja de ser un proceso restringido al aula para convertirse en un espacio de interacción social y de responsabilidad cívica. Esta reconfiguración del conocimiento universitario introduce tensiones con las prácticas tradicionales, ya que cuestiona las jerarquías epistémicas, redefine los roles docentes y abre a la universidad a formas no académicas de conocimiento.

La implementación de la docencia con sello VcM revela tensiones estructurales que operan a nivel curricular, organizacional y normativo. En el plano curricular, los programas rígidos dificultan la flexibilidad temporal y metodológica necesaria para trabajar con actores territoriales, cuyas dinámicas suelen ser más variables. En el plano organizacional, la literatura destaca la persistencia de modelos universitarios burocráticos que priorizan la eficiencia administrativa por sobre la innovación pedagógica (Bernasconi, 2020). La VcM, al requerir coordinación inter e intra institucionales, gestión de alianzas y trabajo colaborativo, pone en evidencia los límites de estas estructuras.

El aseguramiento de la calidad es otro ámbito de tensión. Aunque las políticas nacionales han reconocido a la VcM como función sustantiva -como ocurre en los criterios de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA-Chile, 2023. Criterios y estándares para la acreditación institucional. Comisión Nacional de Acreditación)-, los indicadores siguen centrados en resultados cuantificables y de corto plazo. Los impactos de la VcM, en cambio, suelen ser cualitativos, procesuales y de largo plazo. A esto se suma el diseño de incentivos académicos, donde la carrera docente continúa privilegiando la productividad científica tradicional (Furco & Holland, 2004. Institutionalizing service-learning in higher education. Jossey-Bass), lo que desincentiva el involucramiento en proyectos territoriales que demandan tiempo, trabajo relacional y seguimiento comunitario.

Desde el punto de vista pedagógico, la docencia con sello de VcM abre un horizonte de potencial transformador. Diversos estudios han mostrado que la interacción con el territorio promueve el pensamiento crítico, la motivación estudiantil, el sentido de pertenencia y la adquisición de capacidades profesionales contextualizadas (Astin, A., Vogelgesang, L., Ikeda, E., & Yee, J. (2000). How service learning affects students. UCLA Higher Education Research Institute). Para estudiantes de primera generación, estas experiencias pueden reforzar el sentido de propósito universitario y la comprensión del rol público de su futuro ejercicio profesional. No obstante, también emergen límites importantes. La coordinación con organizaciones del entorno requiere competencias docentes que no siempre están presentes, como la facilitación del diálogo intersectorial, la mediación de conflictos, el diseño de experiencias territoriales seguras y éticamente responsables, entre otras; se trata de un perfil docente ampliado, que la formación universitaria aún no ha incorporado plenamente. Por otro lado, el estudiantado, por su parte, enfrenta desafíos de heterogeneidad sociocultural que para algunos grupos las experiencias territoriales pueden resultar exigentes o incluso amenazantes, especialmente si no se acompañan con dispositivos de reflexión crítica y contención (Creswell, J. W., & Guetterman, T. (2019). Educational research: Planning, conducting, and evaluating quantitative and qualitative research. Pearson).

Más que un recurso metodológico, la docencia con sello VcM puede comprenderse como parte de una ecología universitaria que articula tres planos de manera simultánea: a) el pedagógico, donde se integran experiencias formativas situadas; b) el institucional, donde se reorganizan estructuras, incentivos y sistemas de evaluación; y c) el público, donde la universidad se reconoce como actor implicado en la producción de bienes comunes. Esta ecología requiere coherencia institucional que se refleje en políticas de VcM robustas, financiamiento estable, dispositivos de acompañamiento y marcos éticos que regulen la interacción con los territorios vulnerables. En ausencia de estas condiciones, la VcM corre el riesgo de quedar reducida a actividades puntuales dependientes de voluntades personales.

En resumen, la docencia con sello de VcM constituye un aporte significativo para la renovación de la educación superior, pues articula conocimiento, territorio y formación ciudadana. Su potencial transformador reside en su capacidad para democratizar la producción de saberes y reforzar la misión pública universitaria. Sin embargo, su consolidación enfrenta tensiones institucionales aún no resueltas, a saber: estructuras curriculares rígidas, marcos de aseguramiento de la calidad centrados en indicadores tradicionales, incentivos académicos limitados y desafíos pedagógicos complejos. Para avanzar hacia una docencia con sello VcM sostenible, se requiere comprender estos desafíos no como barreras metodológicas, sino como expresiones de un debate más amplio sobre el sentido de la universidad en la sociedad contemporánea.

https://www.ulagos.cl/opinionulagos/docencia-con-sello-de-vinculacion-con-el-medio-tensiones-estructurales-y-potencial-transformador/

https://thepuertovaras.cl/contenidos/docencia-con-sello-de-vinculacion-con-el-medio-tensiones-estructurales-y-potencial-transformador-por-carlos-delgado-alvarez-doctor-en-ciencias-de-la-educacion-profesional-de-la-dgvcm/

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Chile ante el dilema electoral entre los extremos

Vivimos una coyuntura electoral particularmente elocuente sobre el estado de salud de nuestra democracia. La polarización entre las candidaturas ubicadas en los polos ideológicos -una extrema derecha que reivindica orden y soberanía como ejes civilizatorios, y una extrema izquierda desdibujada que levanta (aun cuando sea poco creíble) un tímido programa de transformación estructural del modelo económico y político- ha instalado la sensación de que estamos frente a algo más que una elección presidencial ordinaria. Lo que se disputa es, al menos simbólicamente, la continuidad o reemplazo del paradigma democrático-liberal-socialdemócrata que, con todas sus imperfecciones, ha ordenado la vida política nacional desde 1990.


Diversos autores han advertido que las democracias contemporáneas atraviesan un proceso de desgaste en su legitimidad representativa como consecuencia de la desconexión entre las expectativas ciudadanas y las capacidades reales de sus sistemas políticos (Mounk, 2018. El pueblo contra la democracia: Por qué nuestra libertad está en peligro y cómo salvarla); Levitsky & Ziblatt, 2018. Cómo mueren las democracias). Este fenómeno no sería ajeno en nuestro país.  La transición pactada, el crecimiento económico sostenido y la ampliación de derechos sociales generaron durante dos décadas, una narrativa de progreso que sostuvo la legitimidad del orden institucional. Sin embargo, el ciclo de protestas que culmina con el estallido social de 2019 reveló una fractura acumulada en torno a desigualdades persistentes, percepciones de abuso y un sentimiento transversal de exclusión política.

Ante esta erosión de confianza, algunos sectores ciudadanos parecen mostrar una revalorización de formas de autoridad más verticales. Mounk (2018) documenta cómo, en distintos países, aumenta la proporción de ciudadanos que aceptan “gobiernos fuertes” que no se someten a controles institucionales. Algo similar ocurre con la noción de democracia liberal, donde si bien las personas siguen valorando una idea abstracta de democracia, muestran menor adhesión a los principios que la sostienen -separación de poderes, respeto de minorías, interdependencia entre libertad y pluralismo (Norris & Inglehart, 2019. Reacción cultural: Trump, Brexit y populismo autoritario). Nuestro país no parece ser inmune a este patrón global.
 
El actual escenario electoral no se explica únicamente por dinámicas ideológicas. Diversos factores estructurales han configurado un ecosistema emocional y político propicio para discursos maximalistas. En primer lugar, la inseguridad delictual se ha convertido en el principal problema público, la violencia del crimen organizado, la percepción de descontrol territorial y la sensación de que las instituciones no son capaces de proteger a la ciudadanía han generado un clima de miedo que, como sostienen Waisbord y Amado, ((2017). Comunicación populista por medios digitales: el Twitter presidencial en América Latina), favorece narrativas políticas que prometen respuestas rápidas, decididas y, en ocasiones, ajenas al debido proceso democrático.
 
En segundo lugar, la inmigración masiva -particularmente en el norte del país- ha sido leída por sectores sociales como un desborde institucional y cultural. Aunque la evidencia muestra que los flujos migratorios no determinan por sí solos el apoyo al extremismo, sí lo hacen cuando interactúan con percepciones de crisis económica y de amenaza identitaria (Eatwell & Goodwin, 2018. Nacionalpopulismo: La rebelión contra la democracia liberal). El bajo crecimiento y las presiones inflacionarias completan el cuadro. Como han demostrado Stiglitz (2019, La desigualdad es el problema, en la obra colectiva El síntoma Trump), y Piketty (2020. Capital e Ideología), en contextos donde el bienestar material se estanca y la desigualdad persiste, aumenta la desconfianza en la capacidad del modelo vigente para generar prosperidad compartida. Esta frustración abre espacio a liderazgos que prometen rupturas radicales con el consenso económico y político previo.
 
A lo anterior se suma la progresiva degradación del lenguaje político, fenómeno ampliamente estudiado en sociedades polarizadas (Moffitt, 2016, El ascenso global del populismo. Performance, estilo político y representación). En nuestro país, los liderazgos -con escasas excepciones- han contribuido a una atmósfera de sospecha permanente, descalificación personal y construcción del adversario como “enemigo” de la patria o del pueblo. Este clima discursivo ha erosionado la capacidad para construir acuerdos y ha reforzado la narrativa de que la política tradicional está agotada o capturada por los intereses corporativos. A ello han contribuido los medios de comunicación tradicionales y sus rostros en aras de figuración y relevancia pública, lo cual se ha amplificado en las redes sociales.
 
Cuando la conversación pública deja de estructurarse en torno a argumentos y se desplaza hacia afectos negativos -ira, indignación, resentimiento- la deliberación democrática se vuelve inviable y las instituciones pasan a percibirse como obstáculos para resolver problemas urgentes, más que como garantías para preservar la convivencia en medio de la diversidad. Así, el dilema que enfrenta nuestro país no es simplemente programático, lo que implica preguntarse si estamos dispuestos a redefinir los parámetros básicos del orden democrático. ¿Es viable una democracia más plebiscitaria, con liderazgos fuertes y capacidad de acción rápida? ¿Puede sostenerse un proyecto de transformación económico social en un contexto de polarización y desconfianza?
 
La literatura comparada advierte que, cuando la democracia pierde su capacidad de producir resultados y proteger a las personas en su vida cotidiana, los ciudadanos suelen preferir opciones que prometen eficacia por sobre deliberación (Foa & Mounk, 2016. El peligro de la desconsolidación: la desconexión democrática). Sin embargo, la experiencia histórica sugiere que los atajos autoritarios rara vez conducen a sociedades más justas o estables. Entonces, lo que está en juego en esta elección no es solo qué proyecto político gobernará los próximos años, sino qué tipo de democracia desea conservar o transformar nuestro país. Entre el descontento social, la inseguridad, la migración, el estancamiento económico y la crispación del lenguaje político, el país se encuentra en un punto de inflexión, y la pregunta es si esta tensión derivará en una actualización creativa de la democracia liberal -más inclusiva, eficaz y protectora- o si abrirá la puerta a fórmulas que, en nombre de la urgencia, debiliten los cimientos institucionales que han sostenido tres décadas de estabilidad.

https://opinion.cooperativa.cl/opinion/politica/chile-ante-el-dilema-electoral-entre-los-extremos/2025-12-03/065714.html

https://elquintopoder.cl/politica/chile-ante-el-dilema-electoral-entre-los-extremos/


lunes, 17 de noviembre de 2025

La implementación de la pena de prestación de servicios en beneficio de la comunidad como desafío para la VcM en la Universidad de Los Lagos


Recientemente, la Universidad de Los Lagos y Gendarmería de Chile han firmado un convenio de colaboración como un marco de cooperación mutua para la generación de condiciones que permitan la implementación y posterior ejecución de la pena sustitutiva de prestación de servicios en beneficio de la comunidad. En este convenio, la universidad se compromete a ofrecer plazas de servicios voluntarios y no remunerados a Gendarmería de Chile, quien las destinará a las personas que deben cumplir la sanción penal impuesta, realizando actividades que beneficien a la comunidad o a personas en situación de precariedad.


El potencial del cumplimiento de penas remitidas en trabajo comunitario en el ámbito universitario representa una alternativa prometedora a las sanciones tradicionales, como la privación de libertad, especialmente para delitos menores o infracciones cometidas por jóvenes. Esta aproximación combina objetivos de reinserción social, educación y servicio a la comunidad, aprovechando el entorno académico como un espacio de transformación y aprendizaje. Más allá de las formalidades, este convenio conlleva una gran capacidad para lograr mayores niveles de vinculación de la universidad con un actor no tradicional y de baja visibilidad en el territorio, pero cargado de un sesgo de discriminación social.

Una relación de esta naturaleza tendrá, sin duda, un impacto positivo en la comunidad universitaria, ya que no solo se acogerá a infractores que podrán mantener sus vínculos sociales y eventualmente académicos mientras cumplen sus penas, lo que podría reducir la reincidencia y, a la vez, fomentar la adquisición de habilidades blandas como la empatía, la responsabilidad y el trabajo en equipo. Además, se podrán desarrollar habilidades de carácter técnico, por ejemplo, al participar en proyectos de impacto social.

Otros impactos positivos que se pueden esperar se originarán en iniciativas de acogida que puedan desarrollarse, por ejemplo, en el marco de la creación de proyectos de servicio comunitario, logrados a través de la implementación de tutorías a grupos vulnerables, mantenimiento de espacios verdes y apoyo en bibliotecas. Esto, indudablemente, enriquecerá la misión de la universidad, fortaleciendo su responsabilidad social y su relación con el entorno. También se podrían esperar efectos sobre el sistema carcelario, como la reducción de la sobrepoblación y los costos asociados, desviando casos de baja peligrosidad hacia sanciones que se alinean con modelos de justicia restaurativa, donde la reparación del daño a la comunidad es central. Adicionalmente, es una oportunidad para que la universidad pueda crear programas interdisciplinarios (derecho, psicología, trabajo social) para supervisar y evaluar el cumplimiento de estas penas, convirtiéndose en un laboratorio de innovación social.

Entre las consideraciones que es necesario contemplar está la previsión de estigmatizaciones y exclusiones dentro de la comunidad universitaria, lo que implica evaluar el perfil de elegibilidad de los infractores (por ejemplo, faltas y delitos leves) para garantizar recepciones acogedoras y claras, así como la asignación de personal previamente preparado. Además, se pueden implementar programas específicos como alfabetización digital y apoyo tecnológico a comunidades; integrar componentes educativos como talleres de derechos humanos y resolución de conflictos como parte de la sanción; y establecer métricas de éxito, como tasas de reincidencia, impacto comunitario y satisfacción de los participantes. En definitiva, constituye una oportunidad para diseñar un modelo pertinente, considerando la evidencia de ejemplos inspiradores, como las experiencias de la Universidad de Barcelona, que involucra a jóvenes infractores en tareas de apoyo en proyectos sociales, o el programa "University-Based Community Service", donde universidades norteamericanas vinculan a jóvenes con penas judiciales en labores de mentoría o ambientalismo, bajo supervisión académica.

El potencial de este convenio para que la ejecución de la pena sustitutiva de prestación de servicios en beneficio de la comunidad, remitida en trabajo comunitario en la universidad, puede ser el germen de la construcción de un programa de VcM que aborde los desafíos legales, logísticos y sociales, y que se constituya en una alternativa que no solo humaniza el sistema de justicia, sino que fortalece el rol de la universidad como agente de cambio social. Una implementación cuidadosa, con evaluación continua, puede convertir esta medida en un pilar para la justicia restaurativa en el ámbito educativo y en el fortalecimiento de la vinculación de la universidad con un sector estigmatizado y ansioso de oportunidades para la reinserción de ciudadanos que han incurrido en faltas o infracciones a la convivencia social.

https://opinion.cooperativa.cl/opinion/educacion/pena-de-prestacion-de-servicios-a-la-comunidad-desafio-en-la/2025-11-17/000641.html

https://www.ulagos.cl/opinionulagos/la-implementacion-de-la-pena-de-prestacion-de-servicios-en-beneficio-de-la-comunidad-como-desafio-para-la-vcm-en-la-ulagos/



La Educación en STEM: Impulsando la Estrategia Regional en Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI)

En un mundo en constante transformación, donde el cambio es la única constante, surge un imperativo ineludible: preparar a las futuras generaciones para navegar en un océano de complejidad. La ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas —las siglas STEM resuenan con fuerza— se erigen como los cimientos sobre los cuales se construyen la economía dinámica, la innovación audaz y el desarrollo sostenible. Estos son, sin lugar a dudas, los pilares que sostienen el bienestar colectivo en nuestra sociedad.

Sin embargo, el panorama no es tan optimista. A pesar de los esfuerzos, las brechas en el sistema educativo regional son abrumadoras. La falta de laboratorios equipados, la conectividad deficiente y la escasa formación de docentes para impartir una enseñanza práctica en ciencias son obstáculos que golpean la calidad educativa. Los resultados de las evaluaciones nacionales en ciencias y matemáticas son un reflejo preocupante, posicionando a nuestra región por debajo del promedio nacional. Y eso no es todo: la escasa representación de mujeres en carreras tecnológicas y científicas se convierte en un desafío acuciante, limitando las oportunidades laborales en sectores estratégicos como la acuicultura, la agroindustria, el turismo sostenible y las energías renovables.

En este contexto, la educación STEM emerge como una estrategia pedagógica revolucionaria. No se trata simplemente de transmitir conocimientos en asignaturas aisladas; se busca promover un aprendizaje activo, donde los estudiantes se conecten con problemáticas reales de su entorno. Imagine construir sensores para monitorear la calidad del agua o diseñar sistemas de energía solar en las escuelas. Estas experiencias no solo cultivan el pensamiento crítico, sino que también fomentan la creatividad y el trabajo colaborativo, habilidades esenciales en el siglo XXI.

Las universidades regionales, por su parte, deben trascender su papel tradicional. Su responsabilidad no se limita a formar profesionales; deben involucrarse activamente en la educación básica y media. La articulación entre el conocimiento universitario y las escuelas locales puede cobrar vida a través de laboratorios móviles, ferias científicas, programas de mentoría y talleres. Este puente eficaz conecta la educación media con la superior, y fusiona el conocimiento académico con la realidad cotidiana de las comunidades. Ejemplos globales, como el programa Project Lead the Way en Estados Unidos o los STEM Ambassadors en el Reino Unido, ilustran el impacto positivo de tales iniciativas. En Chile, ya hay universidades que comienzan a implementar modelos similares, adaptables a las particularidades de la Región de Los Lagos, en colaboración con servicios públicos regionales y locales.

Además, la promoción de la educación STEM se convierte en un motor de equidad social. Facilita el acceso de niñas, jóvenes rurales y estudiantes de pueblos originarios a oportunidades educativas que, históricamente, han sido esquivas. La inclusión de mujeres en áreas tradicionalmente dominadas por hombres no solo diversifica, sino que también enriquece la innovación científica. Así, la educación STEM no solo forja futuros profesionales; expande las posibilidades de desarrollo humano y territorial.

En resumen, el futuro de la Región de Los Lagos está intrínsecamente ligado a nuestra capacidad para formar jóvenes curiosos, creativos y competentes, preparados para enfrentar los desafíos que se avecinan. La ciencia y la tecnología no deben ser vistas como privilegios, sino como derechos universales que las autoridades e instituciones públicas tienen la obligación de garantizar. Fomentar la educación STEM es, por tanto, una decisión ética y estratégica crucial para el progreso sostenible de nuestra región.

#STEM #educación #ciencia #tecnología #matemática 

https://www.paislobo.cl/2025/11/la-educacion-en-stem-impulsando-la-estrategia-regional.html

https://elinsular.cl/opinion/2025/11/15/la-educacion-en-stem-impulsando-la-estrategia-regional-en-ciencia-tecnologia-conocimiento-e-innovacion-ctci/

https://thepuertovaras.cl/contenidos/la-educacion-en-stem-fortalece-la-estrategia-regional-en-ctci-por-carlos-delgado-alvarez-dr-en-ciencias-de-la-educacion-profesional-de-la-direccion-general-de-vinculacion-con-el-medio-ulagos/



jueves, 6 de noviembre de 2025

Vinculación con el medio: el alma pública de la calidad universitaria



En Chile, hablar de calidad universitaria suele remitir de inmediato a acreditaciones, estándares y procesos administrativos. Sin embargo, detrás de esa trama tecnocrática se juega la profundidad del sentido público de la idea de universidad. En efecto, la Vinculación con el Medio (VcM) ha emergido como el espacio donde la calidad se verifica socialmente, donde la institución demuestra -o no- su compromiso con el territorio, con la equidad social y con el desarrollo sostenible.

Durante años, la extensión universitaria fue concebida como una suerte de “proyección cultural” hacia el entorno, un gesto unidireccional desde la academia hacia la sociedad. Hoy, ese paradigma se ha transformado y la VcM es una función académica en sí misma, bidireccional, sistemática y con capacidad de generar conocimiento situado. Ya no se trata de “llevar” saberes, sino de construirlos colectivamente con los actores del territorio, lo que en la práctica institucionaliza la co-creación social del conocimiento.

La Comisión Nacional de Acreditación (CNA) ha recogido este cambio de enfoque impulsado por la nueva legislación que regula la educación superior en su nuevo marco de criterios y estándares. Ya no basta con enseñar e investigar, sino que las universidades deben también demostrar cómo sus acciones dialogan con los desafíos públicos, cómo su quehacer contribuye efectivamente al bienestar de las comunidades. De esta manera, la calidad universitaria se redefine y deja de ser solo eficiencia o cumplimiento, para incorporar la pertinencia, el impacto y la legitimidad social.

La experiencia de la Universidad de Los Lagos es ilustrativa de este nuevo horizonte. Como universidad estatal y regional, ha incorporado la Vinculación con el Medio como la relación con el territorio de manera integral y multidimensional. Su política de VcM y el Plan Estratégico de Desarrollo Institucional 2030 no la entiende como un complemento, sino como una dimensión estructural del proyecto educativo. De ahí surgen programas como la Escuela Universitaria para Dirigentes Sociales, el Programa ULagos para Personas Mayores, o el Fondo Talento Joven, todas iniciativas que conectan formación, ciudadanía e innovación social en los territorios del sur del país.

Estas experiencias muestran que la calidad universitaria se mide también en la capacidad de la institución para escuchar, articular y responder con pertinencia. Cada proyecto, cada alianza, cada diálogo territorial es una evidencia del sentido público de la universidad. En este contexto, la Vinculación con el Medio se convierte en una forma concreta de responsabilidad social universitaria, pero también en un acto de esperanza de que el conocimiento siga siendo un bien público y común.

El desafío, sin embargo, es enorme. Se requiere avanzar en la evaluación de resultados, no solo de impactos, sino también de posicionamiento y pertinencia territorial, entre otros; así como también, de integrar con fuerza la VcM al currículum formativo; y fortalecer la articulación con la investigación aplicada y la innovación social. En tiempos de crisis climática, fragmentación social y desconfianza institucional, la universidad tiene la oportunidad de constituirse en un espacio de encuentro y creación colectiva de propuestas de solución a los problemas territoriales, a los desafíos de mayor bienestar e integración social.

Asegurar la calidad, entonces, no es simplemente cumplir con una norma. Es también asegurar la relevancia de lo público, la vitalidad del territorio y la vigencia del conocimiento como fuerza transformadora. La Vinculación con el Medio, entendida así, no es un requisito más del sistema de acreditación, sino que es el alma pública de la calidad universitaria.

https://www.ulagos.cl/opinionulagos/opinion-vinculacion-con-el-medio-el-alma-publica-de-la-calidad-universitaria/

#universidad #vinculaciónconelmedio #VCM #acreditación

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